Y Sepa La Bola… pero la visita anunciada del príncipe Yisehak Fikre Selassie a México permite recuperar una historia diplomática que conserva vigencia política. Setenta y dos años después del viaje de Haile Selassie, el regreso de sus descendientes recuerda que un país también construye prestigio cuando defiende principios, aunque el territorio parezca distante.

México condenó la invasión de la Italia fascista a Etiopía en 1935.

El respaldo tuvo continuidad: el 26 de marzo de 1937, Isidro Fabela protestó contra el intento de excluir al país africano de la Sociedad de Naciones.

Aquella posición defendió la soberanía etíope y sostuvo una regla indispensable para las naciones expuestas al abuso.

Las relaciones diplomáticas se establecieron en 1949. Cinco años después, Haile Selassie se convirtió en el primer jefe de Estado africano en realizar una visita oficial a México.

Su agradecimiento expresó el alcance de una decisión cuyos efectos sobrevivieron a la emergencia que la había provocado. La solidaridad produjo una memoria compartida.

Esa memoria quedó inscrita en ambas capitales. En México se inauguró la glorieta de Etiopía durante la visita de 1954; en Addis Abeba, una de sus principales glorietas recibió el nombre de México.

Los nombres urbanos hicieron visible una amistad que podía perderse entre expedientes diplomáticos y discursos oficiales.

Conviene precisar un detalle: Haile Selassie logró que una estación del Metro llevara el nombre de Etiopía. La estación se inauguró posteriormente y heredó aquella referencia histórica. La placa conmemorativa conservó el vínculo con su visita. Contar correctamente esa secuencia fortalece el homenaje y evita que una anécdota termine por sustituir los hechos.

El príncipe Yisehak visitará ese sitio el viernes 16 de octubre, acompañado de Asqual Teferi y sus hijas, Gigi y Lissie. El martes 20 ofrecerá una conferencia sobre cultura, arte y arquitectura etíopes y expondrá obra propia en la Universidad del Claustro de Sor Juana.

El contenido cultural puede darle profundidad al encuentro. México necesita ampliar su conversación con África, conocer sus expresiones artísticas y reconocer historias que rara vez ocupan espacio en nuestra discusión cotidiana. Una universidad puede convertir la visita en una oportunidad de aprendizaje y acercamiento, más allá de la atención que despierten los títulos imperiales.

La iniciativa de Nektariy Karol Hadzhipetropulos, presidente de Comunidad Rusa A. C., y la participación del Claustro merecen valorarse desde esa posibilidad. El intercambio cultural adquiere relevancia cuando deja conocimiento, abre conversaciones y construye relaciones entre comunidades que hasta entonces se percibían lejanas.

La lectura política también resulta inevitable. Defender la soberanía exige congruencia frente a países poderosos y pequeños, gobiernos afines y adversarios. El antecedente etíope ofrece un criterio para examinar nuestra diplomacia: la credibilidad depende de sostener principios cuando hacerlo implica incomodidades, además de repetirlos en ceremonias.

El regreso anunciado puede recordar esa exigencia a nuevas generaciones. Bajo el tránsito cotidiano de la capital permanece una historia de solidaridad internacional. Recuperarla con rigor, explicar sus razones y acercarla al público daría sentido al aniversario. La gratitud que sobrevivió setenta y dos años muestra cuánto puede durar una decisión diplomática cuando encuentra respaldo en la coherencia de un país y en el respeto entre pueblos.

Y Sepa La Bola… aunque los delitos de alto impacto han registrado disminuciones en el Estado de México, hay comunidades donde el miedo sigue presente. Las amenazas atribuidas a presuntos extorsionadores en Otzolotepec y Texcoco son un recordatorio de que detrás de cada denuncia hay familias, comerciantes, estudiantes y trabajadores cuya vida cotidiana puede cambiar de un momento a otro.

A principios de octubre, en Santa Ana Jilotzingo, Otzolotepec, apareció una manta con amenazas dirigidas a comerciantes, a quienes presuntamente se les exigía el pago de cuotas. La alcaldesa Sinaí Guadalupe Lugo Vargas acudió a la Fiscalía General de Justicia del Estado de México para denunciar los hechos. Habitantes de la comunidad incluso habrían organizado guardias para vigilar sus calles.

A finales de agosto, en Coatlinchán, Texcoco, también fueron localizadas mantas con mensajes intimidatorios que mencionaban a varias comunidades de la región. La autoría de esos mensajes no ha sido confirmada, pero su aparición generó preocupación entre los habitantes.

Cuando el temor obliga a modificar las actividades diarias, cerrar negocios o impartir clases en línea para proteger a los estudiantes, la delincuencia ya está alterando la vida de toda una comunidad.

Por eso, reducir los índices delictivos es importante, pero no suficiente. La seguridad también debe medirse por la tranquilidad con la que una persona abre su negocio, envía a sus hijos a la escuela o camina por su colonia sin temor a sufrir represalias.

La presencia de policías y fuerzas federales puede contribuir a recuperar la calma, pero debe acompañarse de investigaciones eficaces, protección para quienes denuncian y resultados que permitan identificar y detener a los responsables.

Ninguna comunidad debería acostumbrarse a vivir bajo amenaza ni tener que organizarse por su cuenta para sentirse segura.

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